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Formal vs. informal

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Un hombre ofrece  amplificando su voz con un megáfono los productos de su negocio deportivo, otro las chucherías de una tienda "Todo a $ 10000"; más allá los meseros de los restaurantes me invitan a almorzar detrás de una nube de olor a comida casera. Una melodía andina se oía varios planos sonoros más atrás, insistente, arrulladora, armónica y diferente a las voces que mecánicamente repiten un discurso aprendido de memoria, copiado, alterado, que  entra por los oídos y te taladra la cabeza. Vender se convierte en una competencia sonora, visiva, táctil, olfativa, gastronómica: "¡Ciruelas, ciruelas, ciruelas, ciruelas!".

Los colores son flameantes y llamativos, la música muchas veces de festejo, los tamaños y detalles de las tiendas ambulantes delirantes. Son nómadas caminantes, que con su andar van presentando un show de lo popular, de los íconos culturales, del sabor, color y emoción de los bogotanos, pero también de los costeños, vallunos, pastusos. Lo local y global se fusionan en lo pop, que enuncia el "engalle" espontáneo e informal,  la domesticación de los andenes, los bolardos, los nichos, las rejas, las ventanas, las puertas, cualquier elemento físico del cual se puedan agarrar. Las pequeñas atmósferas se tornan fragmentos coloridos, fosforescentes, pluri-fónicos, mono-cromáticos o bastante "floripepeados". Algunos rincones se tornan incluso videosos, místicos, religiosos. Un hombre se acercó y por 5000 pesos me leyó el tarot.

 

En cada venta es posible palpar-oír-mirar-saborear-olfatear-  la identidad bogotana como tal, esa tan fragmentada, tan indefinible, tan confusa, tan colonizada, tan arrancada. Diversidad y dramatismo, miseria y abundancia se sientan a charlar en un mismo lugar. ¡Cuántos "checheres", cuántos libros usados, cuántos pirateados, cuántos puestos de intercambio, cuántos tapetes, cuántos artesanos, cuántas mercancías de orígenes lejanos, cuántas imitaciones! Y está lo gringo, lo europeo, lo australiano, pero copiado por pobres colombianos. Está lo indígena que con una canción de fondo gringa hombres y mujeres de ojos rasgados intentan vender. Están los sombreros asiáticos, las manillas galácticas y los juguetes de otras galaxias. Hay imágenes citadinas, campesinas, patrióticas, globales y universales que sobre andenes y negocios logran enfatizar el enredo de nuestra  la identidad. Y es que este enredo, esta mezcla indescifrable, inescrutable,  logra vender productos. Singulares y variados oficios y objetos son resultado de la noción de los mil usos. Lo popular nace en lo informal y lo cotidiano, en la necesidad de sobresalir y encontrar un mundo en esta ciudad global. Diseñar es dar un nombre o determinar, lograr que una realidad espontánea emerja para que las personas la experimenten y logren satisfacer en ella sus necesidades de consumo.

 

Y la realidad de los de adentro - esos que cómodamente bajo un techo trabajan y diariamente las puertas de par en par a los transeúntes abren -  se extiende prolongadamente hacia afuera. Los que antes  prácticamente ninguna competencia afuera tenían, lanzan estímulos de todo tipo porque las dinámicas de ese espacio exterior intentan conquistar. Varios anuncios color fucsia, verde "pobre", amarillo "pollito", y anaranjado de "resaltador" surgen del apuro por plasmar elementos de atracción. Esa sed de atraer consumidores genera - tanto en vendedores formales, como informales nómadas-  una estética no planificada, una apropiación táctil, visual y sonora de las fachadas -ese límite entre lo público y lo privado-, una demostración de las  estrategias de auto-economía social y auto-sostenimiento. Los procesos de comunicación visual y sonora se hacen evidentes, los tejidos sociales se resaltan en cada imagen y sonido, la independencia de las personas se huele y los gritos expresivos  con parlantes o a "grito herido" se sienten en todo el cuerpo.

 

Se entiende la creatividad popular como el elemento esporádico que configura las experiencias de la cultura urbana. El drama está en el aire. Cada letra escrita a mano es única, reflejo de una sociedad recursiva y creativa. Las decoraciones en los puestos móviles, los quioscos inmóviles y las fachadas incomparablemente sólidas  son el "engalle" que le dan las personas a los objetos y espacios de trabajo. Los animales, santos y superhéroes que acompañan cada vendedor hacen parte del performance de lo construido o expresado, lo múltiple, la repetición, lo imposible y lo imaginario. Burbujas multicolores vuelan por los aires, mientras un pájaro mecánico se estrella contra un árbol. Una nube de globos rosado "chicle" y verde fosforescente se mueve incesantemente. Y están las pelucas, los zapatos de payaso y más de diez gritos que con agudos tonos te sacuden el cráneo. Un ilustre ejecutivo se sienta sobre una caja de manzanas para intercambiar "monas" del mundial. "¡Panini, panini, panini!" 

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Multisensory and creative city: The spaces of popular cultures

Popular cultures are by definition cultures of subaltern groups, of spontaneous dynamics in a situation of dominance.  The resistance of the popular classes to the cultural domination establish significant aspects in the configuration of popular cultures. The 'dominated'  can react to the impositions of the 'dominant' social groups through  an aesthetic sarcasm, a 'bad taste' exposed intentionally, a voluntary exposure of folklore. In other words, popular cultures can be cultures of  objection or controversy. But, on the other hand popular cultures cannot be comprehended  only as collective impulses based on the necessity of contesting the implicit dictations of the dominant class; they are also autonomous and absolutely capable of developing self-determining creativity. The popular culture is the assembling of different modes of  dealing with  dominant groups and not necessarily an automatic resistance to them. (Cuche, 2003 (1996)).

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Accordingly to Michel de Certeau (Cuche, 2003 (1996)), popular culture can be defined as 'ordinary culture', the culture of 'ordinary' people, a culture constructed through everyday practices, in the most banal and quotidian activities, always susceptible of being renewed and reinvented in space and time. Therefore, ordinary culture has multiple forms and dimensions, flowing and getting diffused in all directions. Popular creativity does not 'happen' in punctual, specific and identifiable events in space and time, it permeates the multiscalar, multidimensional, relational and open character of places. In the pedestrian axis 'La Séptima', the popular  responses to the dominant cultures and/or the authentic creativity of dominated social groups get expressed in space through the multisensory urban practices, the multiple tactile, olfactory, visual, auditory and gustatory appropriations of places; places understood as a corner, a bollard, the alcoves of windows, the tiles of a piece of sidewalk, the branches of a tree, the infinite plantpots that divide walkers from cyclists, the facade of an important building, the door of an abandoned one, the rough pavement where cars used to pass, one block, two blocks, three blocks, the whole blocks, 'La Séptima' itself.    

 

A sensory competition to attract passers, potential customers, potential spectators, participants of a fragmented and heterogeneous audience conforms an assorted  mixture of urban landscapes, soundscapes, touchscapes, smellspaces, tastescapes. Creativity in 'La Séptima', in my opinion,  is not necessarily that one of the final product bought by passers, but the process of buying and selling associated to a show, to a performance of spontaneous relations between strangers, to  encounters constructed in the 'in-betweenness' of activities and routines. Some of these practices, even if being  attempts of self-employment and survival in the city, are successful in presenting and commemorating painful legacies, painful memories of the Colombian history, of the violence and inequality that have covered the streets - mainly 'La Séptima' - with blood and chaos. These practices force public reflection, abandoning the idea of art as an institutionalized, monumental and private privilege. This time arts embodies urban life, the life of urban actors, of persons that attempt to subsist only with the potential of their own bodies, their own memories, their own movements. As Ash Amin states, "this is an important aspect of the contemporary urban shift from civic monumentalism toward art forms intended to surprise, spark the imagination or narrate hidden vernaculars. (Amin, 2008, p. 18)" Nevertheless these symbolic forms of public art in urban spaces of Bogotá's city centre are not the creations of top artists interested in the urban life of popular cultures and collective imaginaries, but the creations of the popular culture itself.

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